La reja
La niña, al piano, repite y repite con entusiasmo la misma frase de Haendel, se ríe, concluye y espera aplausos, mientras, con parsimonia, se inclina para saludar a la concurrencia. Adelanta un pie, se toma la falda del dobladillo —reverencia— y deja estar (¿con gracioso encanto?) el ramo de rosas en su mano izquierda.