Esteros: Consolidación de una poética
“Túneles”, “descensos”, “otros descensos”, son las tres partes del libro que integran Esteros, el más reciente título de Yanier H. Palao.
“Túneles”, “descensos”, “otros descensos”, son las tres partes del libro que integran Esteros, el más reciente título de Yanier H. Palao.
Este texto forma parte del libro en proceso “Miami Grand Prix”, proyecto que obtuvo una de las becas de resiliencia otorgadas por Artists at Risk en 2026.
Desde que mamá pinta hombres desnudos vende muchos cuadros, al principio no me gustaban los cuadros, pero mamá es como un gorrión que revolotea de un lado a otro, un ser especial más allá de lo que significa que sea mi madre. Es también particularmente modesta y equilibrada, para dedicar su talento a algo tan evidente y perdurable como los artistas plásticos, creo.
Esta es la historia de una pequeña felicidad que, por alguna inexplicable causa, tuvo lugar el día que cumplí dieciséis años. Ahora, después de tanto tiempo, no puedo asegurar si el suceso guarda relación con semejante acontecimiento de mi vida.
Es la noche y el viejo balconea. El aire golpea suavemente su rostro, que alguna vez fue hermoso. Todavía lo es, aunque las huellas del tiempo en su piel no sean las que suele dejar una existencia feliz. Está solo. Tanto que al asomarse a la calle parece el hombre más solo del mundo.
La niña, al piano, repite y repite con entusiasmo la misma frase de Haendel, se ríe, concluye y espera aplausos, mientras, con parsimonia, se inclina para saludar a la concurrencia. Adelanta un pie, se toma la falda del dobladillo —reverencia— y deja estar (¿con gracioso encanto?) el ramo de rosas en su mano izquierda.
Esta criatura de cabellos largos es bastante cargante. Por todas partes la encuentro y a todas partes me sigue. Es algo que detesto, pues estoy acostumbrado a la soledad.
Ella se llamará Ana. Será pintora. Él se llamó Jorge. Fue propietario de un Chevrolet 57 y chofer.
Sí, yo siempre estoy aquí, en la entrada del aeropuerto o del hotel, esperando por ti. Veo en tu sonrisa que tú también me has reconocido a la primera ojeada.
Alicia, Alicia mía, hemos crecido tanto, y demasiado solos. Frank Abel Dopico Sé que te llamabas Alicia y te sentabas en el último asiento de la fila, junto a la ventana.
Me desperté de repente sintiendo esa horrible presión en la vejiga sobrecargada de líquido, que roza con el dolor. Luché un rato entre las ganas de orinar y las de seguir durmiendo.
Ni tú ni la luna, Diana, sino este infierno donde me hundo frente a un barman. Pedí otro trago y fui metiendo en el vaso la ciudad, las putas, los poetas, borrachos, locos, comunistas, disidentes, niños y viejos; los removí a conciencia, con rabia, y sorbí ese coctel visceral y patriótico que me condujo…
Caminaba, como quien cuenta cada espacio recorrido, pretendiendo reducir la distancia entre el recuerdo y la nostalgia, andaba con pasos lentos y seguros tan distintos a los de antes, a pesar de ser el mismo, y tener en los ojos esa interrogación por todo lo desconocido. Eran las mismas casas, igual gente llenando las esquinas, allí estaba además intacto el parque donde tantas veces le pareció vivir escondido del mundo, pero ahora lo veía sin un velo en los ojos, no ya como un refugio para una adolescencia inútil.
―¿Listo, Esteban? —y con un gesto de cabeza responde un sí atemorizado. Salimos bien tarde en la noche, bajo una llovizna que amenaza con afiebrarnos. Mantenemos los pasos ligeros y suaves para no llamar la atención.
Muchas cosas son ahora un espacio negro en mi memoria. Pero había el mar, el camino oloroso y la galera, ¿de Cartago?; y aquel muchacho tan parecido a mí (mi amigo, creo), con su amante, aquella muchacha cuyos ojos hablaban de deseos y de cosas que yo no conocía entonces… ¿O era yo el amante, y el muchacho el que vibraba al recibir en su boca el mínimo seno salado de la mujer?
And the winner is… Ignacio Rodríguez for Fallen Angels. Well… I want to say thanks to my mother, my family in general and Little Jane for her support in this film. Thanks a lot, I love you.
Calle Monte, llegando a Belascoaín. Sudo en el calor de una 15 que se detiene en el semáforo.
Aquí estar yo, ¿qué querer ustedes?, nos ha desafiado el gigante. Huevi y yo nos miramos sorprendidos, asustados, escépticos.
«Cuando necesitas aumentar el tamaño de tu casa y no hay patio donde construir más, ni jardín que ocupar, ni siquiera balcón, cuando necesitas ampliarte y vives con la familia en un apartamento interior, lo único que te queda es elevar los ojos al cielo y descubrir que en tanta altura de techo bien cabría otro piso, una barbacoa. Descubres, en suma, la generosidad vertical de tu espacio, que permite levantar otra casa allá adentro.»
DEAR MRS. FERNANDEZ: YOU ARE INVITED y en el membrete de la hoja la dirección del HUNTER COLLEGE: LEXINGTON AVE.
Rigoberto Molina, alias Gravilla, Prisciliano Jiménez, alias Sangre’e mono y Bárbaro Casas, alias Negroemierda, estaban acurrucados y mustios en un rincón de la celda cuando un agente que parecía una mezcla de los tres abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarme pasar.
La idea que nos servirá de tema para nuestro próximo relato nunca se anuncia como tal desde un primer momento. Incluso no creo que exista el criterio que nos permita desecharla o aceptarla como buena.
Koldenkova Evangelina de las Mercedes Concepción de los Montes y Carvajal, razón por la cual me dicen Cuqui. No me atormente, señor, déjeme decirlo todo a mi manera.
Desde niño me obsesiono con ciertas imágenes, ésta me persigue en los últimos tiempos: Una mujer corre desnuda por un campo de flores al amanecer. Quizás haya salido de algún filme impreciso o de alguna lectura que ya no recuerdo, lo cierto es que se instaló en mi cabeza y de ella no sale.
El Instituto de Meteorología ha dicho que hoy será un día cálido y soleado. Y luego de hacer sus respectivas acrobacias con las probabilidades y porcientos de lluvia, vientos y oleaje, ha concluido que las temperaturas máximas en la tarde oscilarán entre veintinueve y treinta y dos grados centígrados.
¿Y por qué tendría que negarlo? Sí, soy de La Habana Vieja, y a mucha honra, vaya, ¿quién les dijo a ustedes que voy a avergonzarme por mis orígenes? Yo pertenezco al casco histórico, ¿y qué, tú, qué pasó con eso?
Las hordas de los perros del hortelano, implacables e innúmeras, desertaron al fin la biblioteca; la temporada de la caza de exámenes había terminado; pude volver tranquilo a la sala grisblanca con algo de templo y de sepulcro, colocar mi carpeta sobre una mesa a dos…
Olmo se abrocha los zapatos, va a China, vuelve de China y se desabrocha los zapatos. Olmo viaja de La Habana a París, de París a Barcelona y de Barcelona a Feldafing.
Todo está donde debe ser. El diablo en su catre, el pene hacia fuera, la vela encendida. Tiene las manos quemadas, por eso no puede frotarse el pene, pero el pene se erecta solo, muellea solo, y eyacula sobre un muslo.
A Zulema le gusta despertar de a poco, no soporta los golpes de sol como flashazos que entran por las ventanas de cristal, en cuanto Rachel corre las cortinas, dice que ya es tarde y deben prepararse. Transitar, de modo instantáneo, de la somnolencia a la realidad, le provoca a Zulema fuertes dolores de cabeza, una rabia reticente y un mal humor contra el cual ya no hay remedio: aunque Rachel ponga en el estéreo el disco de Edith Piaf, las canciones de Bod Dylan, incluso la antología de grandes voces del Jazz, nada podrá contrarrestar el humor de perros que Zulema arrastra de la cama al baño, del baño a la cocina y de la cocina a la sala.
Reina es negra, eso lo dice todo, incluso la historia podría terminarse en esa palabra, dejando un vacío de vocablos y colores. Negra como el cielo, los pájaros, y los árboles.
Elina abrió los ojos justo cuando entré a su cuarto detrás de la madre; me miró desde la cama con cara de no reconocerme ni saber qué hacía en su casa a las nueve de la mañana; volvió a cerrarlos y la madre salió.
Cuando lo mires por la ventanilla inclínate un poco, pero no te des mucha vista, que la luz de la luna no ilumine del todo esa belleza, intenta crear un ambiente, eso también es arte, actúa con rapidez, habla en voz baja y calmada, pon los puntos y las comas, demuéstrale que no eres una muchachita cualquiera. Cuando comiences una frase deja reposar la lengua entre los dientes y respira profundo, enseguida notarás como se desespera.
Como una piedra, rodando. Rodando pendiente abajo. Así me sentía. Y para evitar el despeñamiento o hacer más suave la caída intenté aferrarme a las viejas canciones de Serrat, al greatest hits de Bob Dylan, al primer álbum de Tracy Chapman, y a Sabina, a Charly García, Fito Páez, Santiago Feliú, a Lenny Kravitz y a Silvio.